Premios Mercurio 2015

Mucho más que un galardón

OPINIÓN

Soñando la realidad

Por Mariano Fernández Madero

La mayoría de las empresas que siguen la teoría de océanos rojos se fundan en las estrategias de “El arte de la guerra” de SunTzu, cuyo objetivo es destruir a la competencia por ser su enemigo. Utilizan los medios que sean necesarios para lograrlo y suponen que el mundo es hostil e igualitario y la competencia, despiadada. Algunas de sus máximas son: “Cuando tu enemigo esté descansando, cánsalo”, “conoce a tu enemigo, conócete a ti mismo y saldrás triunfador en mil batallas”, “comportate de forma que nunca adivinen tus verdaderas intenciones”, “si utilizas a un enemigo para derrotar a otro enemigo serás poderoso, en cualquier lugar a donde vayas”. La teoría de la competencia perfecta libra su principal batalla en nuestro cerebro reptiliano, intenta apoderarse del mercado extrayendo la mayor rentabilidad posible y buscando una posición de poder tanto ante proveedores como ante nuevos competidores que puedan someter. Esperan una evolución positiva de los números de la economía mundial, solo para desarrollar compañías que les permitan fuertes barreras de entrada y clientes que puedan ser más dependientes de los bienes que producen. Su base de liderazgo los lleva a trabajar solo con recursos humanos que tienen las habilidades necesarias para destruir al oponente y negociar ferozmente con los demás luchadores, con el único objetivo de generar resultados financieros. Bajo esta realidad muchas situaciones sociales y ambientales están pendientes de resolución.

Pero en la base de las pirámides sociales se han producido algunos cambios que están generando un efecto mariposa, que podría cambiar totalmente las reglas del juego. La estrategia de los Océanos Rojos podría dejar de dar batallas para dar paso al surgimiento del marketing de los Océanos Esmeralda cuyo objetivo es generar valor para todas las partes intervinientes en los procesos productivos y de consumo. Su estrategia es mejorar la calidad de vida de las personas, utilizando solo los medios que impliquen estar generando una sociedad más educada, más respetuosa de las singularidades, más amable y más concentrada en crear un mundo mejor. Una sociedad basada en nuestro cerebro prefrontal, desarrollando una sociedad colaborativa y entendiendo que no podremos crear un mundo para nosotros si no no somos capaces de crear, simultáneamente, un mundo para los otros. En esta nueva era, que la sociedad nos muestra en las urnas, en las redes sociales y en sus cambios de hábitos, los verdaderos ricos no serán aquellos que más dinero tengan, sino aquellos que más capital emocional acumulen. Aquellos que busquen beneficiar tanto a la empresa como al consumidor, porque el capital emocional es el único bien que se acumula dando, y que genera un mayor estímulo a ambas partes de la ecuación.

Vivimos en un mundo altamente competitivo, pero un sueño latente y desde la base de la pirámide, lo está cambiando

Pasaremos de una sociedad que aplaude, admira y tiene por modelo a un miembro que se hace rico solo a una sociedad que genere igualdad de oportunidades y que aplauda, admire y tenga por modelo a personas que trabajan en equipo y logren mejorar la sociedad. Cambiaremos la era del conocimiento por la era del razonamiento emocional, la del crecimiento de las grandes ciudades por la del desarrollo de pequeños pueblos, como motivadores de lo singular. Del ruido permanente al valor de los silencios como ref lexión necesaria para el cambio. De pasar inadvertidos, siendo uno más, a ser personalmente conocidos por lo que hacemos. De lo individual a lo colectivo y del egoísmo al cooperativismo como valor de superación conjunta. Entre el estímulo y nuestra respuesta, hay un espacio, y en ese espacio de debatirá el destino del marketing, pues cuanto más podamos aprender de todos los aspectos que interactúan y rigen nuestra conducta, mejor podremos comprender qué tipo de productos fabricar y con qué estímulos comunicarlos a nuestros consumidores, para lograr respuestas que garanticen una relación amable con las personas y sustentable con las organizaciones. Seremos los que fuimos si somos lo que no amamos, pero lograremos ser lo que anhelamos sí, aceptando lo que hicimos y soñando lo que amamos, vivimos cada día construyendo la realidad que demandamos.